Corro.
Me deslizo a traves de la gélida niebla que se pega a mi cuerpo, tan fría que me duelen los huesos.
-¡ Alto ahí !
Las voces de mis perseguidores se escuchan claras en mis oídos, se que están cerca, pero aún hay mucho prado por el que correr, el valle es tan amplio que, aún sin neblina no podría distinguirse el final.
De la nada el sonido de un helicóptero retumba desde el cielo, en algún lugar no muy lejano, la neblina comienza a dispersarse y yo intento no tropezar cuando veo la enorme aeronave sobre mi cabeza.
"No me rendiré, seguiré corriendo, yo no he hecho nada... ¿Porque me persiguen a mi?"
El UH-60 Blackhawk desciende frente a mi, y de su interior emergen lo que a mi parecer son decenas de soldados, guardianes oscuros que solo quieren atraparme.
Giro a la derecha sobre mis talones y continuo corriendo, intentando escapar de ahí. Un par de enormes brazos se lanzan hacia mi y toman mi cintura mientras me derriban. No puedo creer que me haya atrapado, había burlado a todos los demás... tal vez fue el cansancio. No es justo, pero bueno, la vida no es justa.
Estoy en el suelo, con mi captor oprimiendo mis pulmones. Pero no me siento derrotada, casi les había ganado, supongo que si sirve de algo ser optimista. Escucho sus voces acercándose y el suelo retumbar con sus pasos. Aquel que me ha hecho prisionera se levanta conmigo aún en sus manos; el no quiere que escape... Pero, ¿Porque? ¿Que eh hecho para que deseen atraparme con tanto fervor?
Giro mi rostro para encararle, para darle una última mirada de odio antes de que me lleven en aquella maquina voladora hasta quien sabe donde, pero al hacerlo, no puedo lograr mi objetivo.
Me mira.
Me observa fijamente con una expresión de dolor que jamás había visto en mi vida; el se sorprende cuando lo veo, pero la pena nunca abandona su rostro. Pasan algunos segundos antes de que se de cuenta de la expresión que ha adoptado, y entonces su rostro se torna rígido como una roca.
Yo no puedo dejar de mirarle, a pesar de ser quién me había capturado, me parecía totalmente hermoso, no puedo encontrar las palabras exactas para describirlo. Cabello color chocolate, labios demasiado carnosos como para ser los de un hombre, aunque de apariencia aún masculina, y unos ojos color miel, tan profundos que lucían como si pudiesen ver tu alma.
De pronto los demás soldados se reúnen a nuestro alrededor, dos de ellos toman mis brazos fuertemente y me llevan hacia el Blackhawk.
El no va en nuestro helicóptero; lo se porque le he visto subir a uno de los autos que han llegado para dirigirlos a la base de donde han salido.
El helicóptero despega, y los autos arrancan. Una vez que hemos alcanzado la altura suficiente, comenzamos a avanzar. Nos dirigimos hacia la misma dirección que había tomado yo para huir en el último minuto; pienso que si lograra escapar me iría en dirección contraría; río para mis adentros, pues se que el "hubiera" es solo como pedir que un sueño se vuelva realidad.
No hemos estado en movimiento durante mucho tiempo cuando, de la nada, una luz tan brillante como el mismo sol surge frente a nosotros. El piloto pierde el control, se desorienta; los instrumentos no funcionan y no pueden repararlos, y así comenzamos a caer en picada.
. . .
Me encuentro de nuevo en el suelo, esta vez se encuentran cercanos los restos de los soldados y sus máquinas. Me levanto y observo a mi alrededor, y le veo frente a mi, aquel hombre que me había capturado, aquel hombre hermoso, sangrando lo que parecían litros y litros de sangre. El me mira, de nuevo, y yo me petrifico en mi sitio, no quiero que me capturen de nuevo, quiero huir, pero no se que pueda ocurrirle a él.
Antes de que yo pueda siquiera pestañear, el me dice:
-H-U-Y-E
Tardo en comprender el significado de aquella palabra, pero en cuanto puedo hacerlo, echo a correr.
Conozco la dirección que debo tomar, tengo muy buena memoria, y el helicóptero ofrecía una vista espectacular; recuerdo lo que había pensado antes, sobre escapar y siento ganas de reír de nuevo.
. . .
Me encuentro ya muy lejos, he corrido mucho me siento exhausta, miro sobre mi hombro para ver si puedo tomar un descanso y me sorprende la fumarola que ha creado el accidente. Luce como el humo de un volcán que esta peligrosamente cerca de la erupcion y a una distancia muy corta y arriesgada. El descanso esperará, debo ir más lejos.
Mientras salgo de ahí no puedo evitar recordar a aquel hombre y el humo del incidente y pido por que este a salvo.
Yo pronto lo estaré, creo.
Ixem
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